Este articulo refleja fielmente vivencias acontecidas en una época viva de emociones y de inquietudes por todos aquellos que formaban Amigos de la Cultura de Sax, asociación ubicada en Plaza del Hoyo, 9, desde tiempos anteriores y cercanos a la democracia.

Dentro de los distintos actos culturales (Conferencias, Poesía, Literatura,…) Se dedicaba un espacio a mantener cambios de impresiones y coloquios dirigidos a la formación democrática y política. Todo ello en tiempos de dictadura, por lo que en muchas ocasiones había que afrontar contratiempos que el entusiasmo se encargaba de sortear.

Crónica de la transición en Sax “el hoyo nº 9”

Corrían los primeros setenta. Toda la rojería afilaba sus lenguas. Anarcos, peceros, sociatas, sindicalistas y demás gente de medio pelo hacíamos causa común contra el franquismo y nos juntábamos a “subvertir el orden” allá donde podíamos. Nos reuníamos en domicilios particulares aún estaban prohibidos los partidos, en fábricas, librerías, en casas de campo… cualquier lugar era bueno para conspirar. ¡Y con qué ganas lo hacíamos! La ilusión ante la posibilidad de recobrar los derechos humanos era tan grande que vencíamos el miedo o lo disimulábamos (hacía pocos años que varios jóvenes sajeños habían sido encarcelados y torturados por repartir propaganda política).

Nos arriesgábamos con tal de intercambiar ideas y aunar esfuerzos. La guardia civil nos vigilaba incluso merodeando por las casas de campo, algún facha impenitente nos espiaba por las esquinas de la medianoche, y hasta se infiltraron parapolicías disfrazados de demócratas.

Pese a todas las trabas pudimos conseguir un local para las actividades de la Platajunta sajeña. Nuestro primer cuartelillo, disimulado bajo el nombre de “Amigos de la Cultura” fue la planta baja del número 9 de El Hoyo, la churrería de Nicolás. Allí, con unos cuantos muebles que nos cedieron Eugenia y sus hijos, una pequeña pero escogida biblioteca allegada entre todos y unas cuarenta butacas de cine que nos regaló la familia del “Divino”, empezamos a sentirnos relativamente seguros. Amparados por la Cultura que por cierto, tampoco estaba bien vista arreciamos la lucha democrática. Y empezaron a acudir independientes, centristas, cristianos que, al ver que no teníamos cuernos “Chi-lo-sa” se fueron sumando a la cada día más nutrida comparsa de la oposición.

No éramos la “gran masa” como decían nuestros queridos veteranos: Justo, Pascual, Joaquín “Rambla”, Bernardo “Chaval”, sino que componíamos un conjunto grumoso como una gachamiga rulera con tropezones y heterogéneo, en ideas sobre todo, pero también en especímenes humanos pues había desde adolescentes de ’16 años hasta jubilados de 70, había gente culta y menos, “moros y cristianos”, empresarios y trabajadores, y un muestrario de todas las profesiones… y lo mejor ¡Casi tantas mujeres como hombres! Las putas del pueblo, decían algunos cepa-gaya-tas… ¡Qué eficientes eran todas: la sin par Amparo, Manoli, Secundina, Gero y Rosa Mari, las Cherro, las Molina, Beni, Mila, Tina, Primi, el trió ” Azorín”… y tantas otras animosas y decididas mujeres.

Si vinieron maricas no me apercibí, pero seguro que les habríamos acogido con respeto.

Nuestras asambleas semejaban Retreta más que Cabildo, sin embargo, dentro de la natural y constante algarabía existía un respeto y una tolerancia sin límites, como si fuéramos demócratas de toda la vida. Hasta se olvidaron los intereses partidistas ¡Lo que puede la ilusión y el afán de justicia y libertad! Lo que no había era líderes… si alguien lo intentó no tuvo éxito. Allí todo el mundo hablaba y decía lo que le venía en gana y nadie nos ponía cortapisas.

Cuántos grandes ideales y cuantas soluciones se expusieron allí para los problemas de Sax ¡Qué cantidad de sugerencias se dieron en aquellas reuniones tan anárquicas como armónicas y tan ricas en resultados!

Paco Estevan y Juan Fdo. Guillén, los incansables primeros embajadores de Amigos de la Cultura, y los coordinadores, los sensatos Caete y Farina, los mitineros y activistas Ortega, los inteligentes Gallos los que más cantaban y tantos otros compañeros, podrían contarnos muchas, interesantes y emotivas anécdotas de la reciente historia sajeña, de aquellos años setenta tan activos y esperanzados.

El número 9 de “El Hoyo” fue un nido de demócratas, una escuela de formación política y, entre otras cosas, un parador, lazo de unión, de futuros alcaldes y ediles, todos ellos resueltos gestores en pro de un Sax mejor. Por allí desfilaron las activas y eficaces concejalas Gero y Beni, el racionalista y razonable Ramón Hurtado, el noble y afable Pedro Barceló, el dinámico “superconcejal” Juan Fdo. Guillén, el liberal y pragmático Paco Estevan, el diplomático y ecuánime Paco Deltell, el avezado sindicalista Juan Gil, el cristiano y solidario Joaquín Estevan… todos fueron valientes capitanes en los primeros alardos democráticos.

Lástima que luego, cuando se establecieron los partidos y cada cual abrió su cuartelillo, nos escindiéramos en taifas. La lucha por el poder pudo más que el vínculo sociocultural.

Por lo visto no éramos tan demócratas como creíamos… y es que la democracia es frágil e imperfecta. No es una cosa ya hecha, acabada. Es algo así como el “Camino” de Machado…

Ramón Consgost Martínez