La noche del 23 de junio, a punto de que la noche entrara del todo, se encendió el escenario de la Caja Mágica y las pantallas laterales que lo acompañaban, la imagen fue impactante incluso para los que estaban allí. Las cámaras insertadas en las grúas enfocaron hacia la explanada del recinto: no había huecos, 38.000 personas copaban cada centímetro. No era un festival, ni Iron Maiden, ni los Rolling, momentos en los que una masa como aquella podrían haber sido menos sobrecogedor, aquella multitud estaba allí para ver a Vetusta Morla.

La razón de aquel concierto era ‘Mismo sitio, distinto lugar’, su último álbum, que salió el pasado 10 de noviembre. La quinta canción de este último disco, ‘San Juan’, se convirtió anoche en una suerte de rezo. Sus frases, su melodía pausada, sus picos en la voz de Pucho, dieron forma y fondo  en realidad más forma y más fondo a un concierto que explicó en parte el indiscutible éxito de un grupo que ha cumplido 20 años a través de la persistencia y la resistencia frente a lo que iba llegando.

Siempre siguieron su camino, el que ellos eligieron, lo han contado mil veces. En ‘San Juan’ hay versos que sintetizan esa manera de vivir sobre el escenario, y detrás de él. “Cuida este vals que tenemos en vena”. “Haz que este baile merezca la pena, yo haré lo propio con esta canción, y si al final no hay más que comedia, deja que el río nos lleve a los dos”. Ayer, con cada minuto de las más de dos horas que duró el concierto, público y grupo se arrastraron mutuamente en un simbiosis perfecta.

25 canciones, 25 coros ininterrumpidos, David Broncano que cumplió su promesa hecha hace unos días en su programa, ‘La Resistencia’, cuando los vetustos se sentaron en su sofá para ser entrevistados por el humorista: salió con camiseta de baloncesto y una máscara de cerdo, dio paso a Pucho con una frase de La Oreja de Van Gogh detalles de la promesa que hizo durante la entrevista y bailó, manguera en mano, durante ‘Te lo digo a ti’. No hubo un momento de calma, de desconexión ni de error. “No hay error”, que suena también en ‘San Juan’. Sonido impecable, atrezzo audiovisual potente y cuidado, y un ‘set list’ encajado con mimo.

Pucho se despidió recordando a todos aquellos que cruzan el mar para huir del infierno en el que viven y encontrar un lugar en el que poder simplemente vivir: “No queremos más gente a la deriva”. Rugido del público. Habló del movimiento feminista y la importancia de las mujeres, en el mundo y en su mundo. Rugido del público. Habló de cómo son “solo” seis tíos que prenden la hoguera musical, de cómo agradecen a cada uno de los que corean sus canciones la transmisión de su propia música, porque es así como han crecido. Brindaron por ellos y por los 38.000 con los que habían firmado hace tiempo una relación a largo plazo que anoche se reafirmó. “Ha sido mágico haber llegado aquí sin un solo talismán”, dice ‘Deséame suerte’. Y es verdad, no ha habido suerte en su éxito, solo el camino, largo pero firme, que han ido trazando para ello, y de paso para un par de generaciones de las que ya forman parte. Un par de generaciones que anoche dijeron “amén”.